PRESENTACIÓN

El miedo – o los miedos, pues es una emoción de muchos rostros y cuerpos-, pertenece a nuestra parte animal instintiva como seres humanos tanto como a las capas más profundas de nuestra intimidad, nuestras vidas y mundos interiores. Está con nosotros tan frecuentemente, que podríamos calificarlo como la sombra de nuestros deseos o la cara oscura de nuestros quereres, que como una luna, se llena y luego se vacía. Por lo general no guardamos memoria de aquella primera vez en la que sentimos el miedo. ¿Cuál fue el primer miedo que sentimos? ¿Por qué fue? ¿A qué fue? ¿Como fué?

¿Existe un miedo primero, un miedo primordial? ¿Un miedo primordial a qué? ¿O son fortuitos? No sabemos… y sabemos al mismo tiempo… sin embargo el miedo o los miedos suelen estar aquí junto, por aquí y por allá, en nuestro devenir, agazapados en nuestro vivir y en nuestros intentos de llegar a Ser.

En este número, no vamos a hablar de ese miedo instintivo que puede salvarnos la vida o evitarnos un accidente. Ese miedo, que es una reacción rapidísima de nuestro instinto y nuestra motricidad, acertada por lo general, y que no pasa por la mente y la razón.

Queremos ocuparnos del miedo que aprisiona a nuestros seres. De ese miedo que abarca en su despliegue a otros centros de nuestro ser humano, al sentimiento y a la mente, e influye de manera determinante en establecer cuáles son los límites dentro de los que construimos nuestras identidades. Define muchas veces cómo y con qué nos revestimos como personas, cómo reaccionamos frente al otro, frente a mí, frente al medio social o la naturaleza.

Sabemos que existen aquellos seres, que a través de un trabajo de conocimiento sobre sí mismos, se han liberado de este sueño, de esta ilusión-pesadilla que es el miedo. Pero también sabemos que existen y existimos, millones de mujeres y hombres que viven en el mundo actual, que aún se encuentran de tránsito entre el sueño y el despertar alternativamente. y es justamente en ese momento de caída del despertar al sueño, de regreso al magnetismo de la vida mecánica, momento en el que perdemos la conexión con la conciencia, que se nos cuela el miedó del cual hablamos. Un temor indefinido, una desazón, una desconfianza de sí mismos y mismas, una angustia o ansiedad de lo que vendrá o los miles de temores y miedos que pueden acapararnos y engullirnos, casi siempre de manera inconsciente en nuestro vivir cotidiano. En algunos momentos especiales, puede tratarse de grandes miedos, pero muchas veces es este… ese pequeño, insignificante e indefinido miedo que socava de manera permanente mi momento presente.

Por estas razones entre muchas otras, y porque el miedo nos roba nuestra atención y energía, es que nos ha interesado trabajar este tema en este número de ojodeagua. Necesitamos saber qué es, cómo viene, cómo nos roba, para así poder recuperar esa atención y energía y arrebatarle de nuevo esos pedacitos de ser que nos ha encarcelado.

No vamos a centramos en la perspectiva psicológica del miedo para llegar a ser mejores y más fuertes ante la vida (lo cual es naturalmente deseable), para ser seres mecánicos pero sin miedo. Ni se trata de aspirar a morir interiormente a una sensibilidad. Nos interesa acercamos a conocer el miedo o los miedos desde su relación con el crecimiento de nuestra esencia, de nuestro Ser, de la búsqueda de esa energía que llamamos conciencia y que habla en el lenguaje de los sentimientos reales que no están acorralados por el miedo ni apuntalados en los deseos. ¿Qué es el miedo segun las diferentes enseñanzas y tradiciones? ¿Qué papel juega en nuestra búsqueda? ¿Es sólo obstáculo o también puede ser fuente de recuerdo de sí? ¿Puede el miedo ayudarnos a desentrañar lo real? ¿Puede ayudarnos a descrubir el SER? ¿Cómo?