Presentación

 

No es fácil abordar la pregunta ¿qué es la alegría? y profundizar en ella desde una perspectiva espiritual y de búsqueda interior. Esa emoción, tan necesaria de sentir y de vivir una y otra vez parapoder disfrutar de la vida y generar nuestro propio autoreconocimiento, es más que la fuente de nuestra felicidad mundana y nuestra afirmación en la vida. Su aparición en procesos interiores eserales –de la esencia– muestra que también es un medio para abrirnos hacia nuestro sentimiento, pues esa energía del sentimiento está hecha de la misma energía del amor universal y es la puerta de acceso hacia la unidad del ser y hacia el conocimiento silencioso.

Cuando se pasa al otro lado del espejo en búsqueda de quién soy yo, nos reencontramos con la alegría justamente en esa otra dimensión. Se puede tratar de esa alegría sencilla que aparece una y otra vez en nuestra andadura por los caminos interiores, o de la que estalla en un éxtasis o en una iluminación después de un difícil y largo camino de acceso a nuestro ser. Y sin embargo, siempre será la alegría que brota junto a un sentimiento de comunión, a una sensación de unidad de ser, a un sentir la expansión de nuestra conciencia cuando rompemos los límites de las creencias racionales y de nuestro pequeño mundo que no se cansa de reafirmar mi persona o mi egoísmo. Hablamos de esas alegrías que surgen de compartir con el otro-otra momentos en los que nuestra vida cobra un sentido que nos hermana en el mundo de lo real. De esas alegrías que son producto de una pequeña o de una gran liberación de nuestras esclavitudes y que nos animan a continuar en búsqueda de una libertad que haga posible “la entrada de lo desconocido”1 en nuestras vidas.

Una espiritualidad sin alegría sería algo muy denso, incluso el más duro ascenso hacia la santidad está acompañado de una profunda alegría; la transformación del faquir, del monje, del yogui es acompañada en mayor o menor medida por estados de conciencia que conllevan la felicidad, la serenidad, la alegría. También en el Cuarto Camino la alegría nos acompaña y señala los tránsitos interiores pequeños, medianos y grandes. La alegría puede ser un pasadizo que va de la superficie de nuestra persona a las profundidades de nuestra conciencia, por eso esta alegría está asociada a la comprensión de “algo”, a los períodos de bonanza y cosecha interior, al reencuentro con la unidad.

Michel de Salzmann nos dice en pocas y profundas frases sobre la atención y la capacidad de la alegría, “…. Igual que la percepción del sufrimiento, esta alegría tiene la capacidad de abrir el sentimiento”. Elizabeth Brower nos habla de la alegría que inunda los momentos del nacimiento de un nuevo ser a este mundo. Diana Castro nos remite a la alegría y el cuerpo: “Es en el cuerpo, hecho de trozos de músculos, de células mutantes o de neuronas eléctricas, donde se oculta la belleza de un mundo de conciencia no revelada: la alegría”. William Segal, en este pequeño fragmento nos recuerda la trascendencia y la alegría,“En el instante en que muero a mí mismo, en el momento en que me desecho, el gozo –incluso el éxtasis– estalla dentro de mí”.

En el escrito Búsqueda de conciencia y alegría, del Grupo Ideas de Buenos Aires, que recapitula el sitio que ocupa la alegría en las ideas de George Ivanovitch Gurdjieff, se dice:«…“el hombre es máquina, experimentar no con una parte de él, sino con todo su ser, muy poco sucede”… “…podemos decir que existe la conciencia del hombre que no tiene contradicciones. Esta conciencia no es sufrimiento, sino una alegría de carácter enteramente nuevo,y que somos incapaces de comprender”….“Por tanto, si estos instantes de conciencia se repiten más a menudo y duran cada vez más, si el hombre no les teme, sino, por el contrario, coopera con ellos y trata de guardarlos y prolongarlos, un elemento de alegría muy sutil, un gusto anticipado de la verdadera “conciencia lúcida” penetrará gradualmente en él”»2”.

Luciana Pinto, desde Brasil nos escribe sobre Iansã, deidad del panteón africano y del Candomblé:“Es guerrera, habla alto, grita, pero tiene alegría. Protege a sus hijos de la maldad de la gente buena y de la bondad de la persona vil.Es capaz de transitar entre el reino de la vida y el reino de la muerte sin perderse entre el dolor y la alegría, entre el sonido y el silencio, entre lo claro y lo oscuro”.

Sri Nisargadatta Maharaj:“¿Ha intentado usted aceptarlo alguna vez? Inténtelo y encontrará en el dolor una dicha que el placer no puede transmitir, por la simple razón de que la aceptación del dolor, más que la aceptación del placer, le hace a usted mucho más profundo. El sí-mismo personal (o ego), por su naturaleza misma, está persiguiendo constantemente el placer y evitando constantemente el dolor. El final de este patrón de comportamiento es el final del sí-mismo personal”.

En Alegría, dolor, sufrimiento, se dice,“Nos acompañan individualmente y también en esfuerzos de trabajo interior colectivos, en el camino hacia el conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses, inscripción del templo de Apolo, en Delfos, Grecia. Con su aparición nos van señalando –con certeza–, cuándo hemos quebrado, auténticamente, por un instante, los velos de una ilusión o rasgado las cortinas de nuestra mentira. Cuando estos momentos sagrados se nos dan, aparece entonces una alegría, hermana de cierta felicidad y plenitud, incluso luminosidad. Una alegría clara, sencilla, serena”.

Reciban ustedes con esta presentación de este número de la revista ojodeagua la invitación a su lectura con talante alegre.

[1] Jeanne de Salzmann

[2] G. I. Gurdjieff