En todos los caminos, tradiciones, escuelas, hermandades o sistemas de Conocimiento, encontramos héroes y heroínas, guerreros y guerreras, grandes místicos y santas, ancestros, sabios y sabias y también grandes sacrificados…algunos míticos y otros reales.

Los vemos en todos los sistemas espirituales independiente de las diferentes culturas e historias de las sociedades. Los encontramos en la andadura constante de hacer de lo pagano algo sacro, señalando simbólicamente un nivel de existencia posible a partir de trascender lo mundano, lo personal.

Los guerreros y guerreras espirituales nos muestran que el camino hacia el Conocimiento, los pasos o estadios de los que hablan las tradiciones, se recorren a través del despertar a una vida íntegra (“interior y exterior”) llena de asombros, contradicciones, alegrías, engaños, caídas y luchas por descubrir lo real y develar la verdad. En este camino mis posesiones, cualidades y defectos, personalidad, inteligencia, saber y demás, suelen ser en unos primeros tiempos más mis entrampadores que mis apoyos. Por lo menos así lo serán hasta que mi Yo haya develado su verdadero Ser y abandonado voluntariamente su esclavitud a ellos, y a su vez les da sentido para que ellos puedan servir, a través de Mí, a otros fines menos personales. Mientras más rico y lleno de posesiones e información….más lejano, desprovisto e ignorante de lo real y lo verdadero. Ahí cobra sentido la frase de los evangelios “Bienaventurados los pobres de espíritu por que de ellos será el reino de los cielos.”

Los guerreros y guerreras espirituales también nos evidencian que este andar lleva una dirección y un sentido: la permanente ascensión a través de la espiral del crecimiento interior. Esto es el crecimiento del Ser. Y conlleva unas cualidades características: nos transformamos a partir de nuestra multiplicidad yendo hacia la unidad…, pasando de lo complejo hacia lo simple puro, saliendo del sueño para distinguir la realidad de la irrealidad y de lo ilusorio. El camino de un guerrero o guerrera espiritual se cuece en un permanente abandono de lo ilusorio, de los apegos, de las creencias en sí mismo, a través de sacrificar…que significa, como dicen los celtas y Merlín, sacri –ficare…es decir…hacer de lo ordinario algo sacro. O como dicen los alquimistas…trasmutar el plomo en oro. O como dice Don Juan: buscando siempre la impecabilidad.

El guerrero trasciende lo personal hacia el Sí Mismo, hacia el Mí Mismo, tratando de ser cada vez más con todo. De vivir cada vez más desde el Mí Mismo, en la apertura de Ser, de Ver, de Sentir. Este proceso, una vez iniciado, jerarquiza de una manera diferente las prioridades y significados del mundo, de la vida, al mismo tiempo que es un principio integrador, que todo lo incluye y lo acepta, que nada rechaza, pero que tampoco puede llegar a ser posesión, ni pertenencia de nadie. Es un principio y un proceso vivo, dinámico, en constante cambio y evolución.

Suponemos que los héroes, los místicos, los guerreros y guerreras espirituales son cosas del pasado o de la mitología y además los imaginamos sobrehumanos… Pero no, todo lo contrario. Su hechura es profundamente humana y nuestra vida e historia pasada está llena de estas figuras, es cierto, pero también es cierto que la situación del mundo a nivel contemporáneo nos muestra que junto a la crisis tan profunda que existe a diferentes niveles humanitarios, la conciencia, el interés en las tradiciones espirituales y el despertar también crece y que muchos y muchas son actualmente guerreros y guerreras que viven dentro de sus grupos y comunidades sin la evidencia de un milagro, ni el deslumbre de ningún santo. Pero vive dentro de ellos esa guerra interior – la guerra santa de Daumal- que los ha hecho nacer dos veces y tratan de dar al mundo lo que les corresponde dar. Van sembrando esperanzas ante el caos contemporáneo que anuncia cambios y quizás el final de un tiempo que parece ya involucionar para permitir la entrada en otro. Como lo fue el Sr Michel De Salzmann, de la escuela que sigue las ideas traídas al occidente por el Sr. G. I. Gurdjieff, a quien le hacemos un homenaje en este número de la revista.

Como dice sabiamente el Tao-Te-King:

“Vivir es llegar y morir es volver.

Tres hombres de cada diez caminan hacia la vida.
Tres hombres de cada diez caminan hacia la muerte.
Tres hombres de cada diez mueren en el ansia de vivir.
¿Cómo puede sobrevivir el décimo hombre “

Sobrevive con la sabiduría del Guerrero Espiritual, de la Guerrera Espiritual…y la decisión de transitar los caminos que llevan de la multiplicidad de los yoes y las máscaras a la unidad del Sí Mismo.