Por: G. I. Gurdjieff.

El hombre está en manos de todo lo que lo rodea, porque nunca puede mirar de una manera objetiva su relación con su medio.

MIEDOS – IDENTIFICACIONES

G.I. GURDJIEFF. ESSENTUKI, 1917

A veces el hombre se pierde en sus pensamientos obsesivos que toman y retoman el mismo objeto, las mismas cosas desagradables que imagina y que no sólo no van a ocurrir sino que nunca podrán ocurrir.

Estos presentimientos de problemas, de enfermedad, de pérdida, de situaciones complicadas, se apoderan frecuentemente de un hombre, hasta tal punto que toman forma de sueños despiertos. La gente no ve y no oye lo que pasa efectivamente, y si alguien logra probarles en un dado caso que sus presentimientos y sus miedos son infundados, llegan a sentir una cierta decepción, como si se sintieran frustrados de una perspectiva agradable.

A menudo, un intelectual, un hombre perteneciente a un medio cultural no se da cuenta del gran papel que tienen los miedos en su vida. Tiene miedo a todo: a sus servidores, a los hijos de su vecino, al portero de la entrada, al vendedor de periódicos, al chofer del taxi, al vendedor de la tienda vecina, al amigo que encontró en la calle y que trata de evitarlo, como si no lo hubiera visto. Y a su vez, los niños, los servidores, el portero, etc. tienen miedo de él.

Si esto pasa normalmente, en el momento que pasamos, este miedo que todo lo penetra, se vuelve flagrante.

No se exagera cuando se dice que una gran parte de los sucesos del año anterior tienen como base el miedo, eran el resultado del miedo.

El miedo inconsciente es una característica bien marcada del sueño.

El hombre está en manos de todo lo que lo rodea, porque nunca puede mirar de una manera objetiva su relación con su medio.

Nunca puede retirarse y observar en el momento en que algo lo atrae o lo rechaza. Y dada esta incapacidad, se identifica con todo.

Esto también es una característica del sueño. Usted empieza una conversación con el objetivo determinado de obtener de alguien cierta información. Para lograr este objetivo, nunca deben dejar de observarse, de recordarse de lo que quieren, de retroceder y de mantener una mirada sobre sí mismos así como sobre su interlocutor. Pero no lo pueden hacer. Nueve veces sobre diez, usted se identificará con la conversación y en vez de obtener la información deseada, es usted quien va a decirle lo que no tenía intención de decirle.

La gente no sospecha hasta qué punto están a merced del miedo. Este miedo no es fácil de definir. Generalmente, es el miedo a situaciones difíciles, el miedo a lo que puede pensar el otro. A veces, este miedo se convierte casi en una obsesión maniaca.