«En el colegio, cuando uno era chiquito, las profesoras, o el profesor le decían: “preste atención”, y uno creía y aún cree que así se desarrolla la capacidad de estar atento. En realidad lo que de esta manera uno desarrolla es la capacidad de identificarse, la capacidad de concentrarse totalmente en una cosa con exclusión de todas las otras; pero el precio que uno paga es el de que uno es tomado, absorbido por esas cosas. La atención es una energía, y es una energía que para poder dirigirla debe circular en dos direcciones: debe ir hacia dónde va, y regresar siempre a su fuente. Pero si solamente se va, pues uno desaparece con ella y se identifica con lo que sea.»
Olivier Laignel Salzmann